
¿Cuándo debemos preocuparnos por un lunar en la piel?
Equipo Objetivo
El cuerpo humano presenta habitualmente diversas pigmentaciones cutáneas conocidas como lunares. En la mayoría de los casos, estos no representan ningún peligro para la salud. Sin embargo, cuando cambian su forma, color o tamaño, pueden constituir una señal temprana de melanoma u otros tipos de cáncer de piel. Así lo advierte el médico cirujano y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, Rodrigo Loubies.
“Es normal que la aparición de lunares genere signos de preocupación”, sostiene el especialista, quien subraya que el cáncer de piel es el tipo de cáncer más frecuente en la población. De acuerdo con Loubies, existen dos grandes grupos:
- Los melanomas pigmentados, de color negro y base genética, que pueden generar metástasis y mortalidad
- Y los carcinomas basocelulares o espinocelulares, también llamados “cánceres rojos o blancos”, que provocan daño local, pero rara vez son letales.
El caso que encendió la alerta pública
El periodista Davor Gjuranovic, rostro de TVN, compartió recientemente en sus redes sociales que fue diagnosticado con un carcinoma basocelular tras consultar a su dermatólogo por una mancha brillante en la frente. Aunque la intervención fue oportuna y exitosa, el comunicador confesó que inicialmente pensó que se trataba de una simple manchita o un grano pasajero.
Este episodio visibiliza la importancia de prestar atención a cualquier cambio en la piel, incluso cuando parezca inofensivo.
La regla del ABCDEF para identificar lunares sospechosos
El doctor Loubies recomienda observar los lunares siguiendo la regla del ABCDEF, un acrónimo que permite detectar signos de riesgo:
- A – Asimetría: Si al trazar una cruz sobre el lunar, las mitades no son simétricas.
- B – Bordes: Lunares con contornos irregulares, dentados o mal definidos deben ser revisados.
- C – Color: Un lunar que presenta varios tonos (negros, cafés, azulados o blanquecinos) es sospechoso.
- D – Diámetro: Cualquier pigmentación que supere los 6 milímetros debe ser observada con mayor atención.
- E – Evolución: Si el lunar cambia de tamaño, color o forma, pica, duele o sangra, es motivo de preocupación.
- F – “Patito feo”: Hace referencia a un lunar que se ve notoriamente distinto al resto del patrón de pigmentaciones de una persona.
Autocuidado y prevención: el rol del autoexamen
Loubies subraya la relevancia del autoexamen como herramienta de prevención. Recomienda revisar la piel dos a tres veces al año, observando zonas visibles y ocultas: detrás de las orejas, entre los dedos, axilas, ingles, plantas de los pies y palmas de las manos.
“No sirve hacerlo a cada rato ni cada un par de semanas porque así no se podrán ver los cambios de la piel”, puntualiza.
Asimismo, el especialista aclara que los llamados “lunares de carne” o intradérmicos no representan un riesgo oncológico. En general, no deben extraerse a menos que sean atípicos o del tipo Clark, que tienen un mayor potencial de malignidad.
Controles dermatológicos: clave para grupos de riesgo
El académico enfatiza la necesidad de realizar controles dermatológicos periódicos, especialmente en personas con antecedentes de cáncer de piel, múltiples lunares, pigmentaciones irregulares o que cumplan al menos dos criterios de la regla del ABCDEF.
También recomienda controles anuales para niños, pacientes trasplantados o personas que consuman medicamentos inmunosupresores, ya que estos factores incrementan la vulnerabilidad de la piel frente a agentes externos.







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