
Descubren el colosal tamaño de una erupción de agujero negro
Equipo Objetivo
En el corazón de una galaxia ubicada a 300 millones de años luz de la Tierra, un agujero negro supermasivo bautizado como Ansky está protagonizando uno de los fenómenos más extremos jamás observados en el cosmos: erupciones cuasi-periódicas (QPEs) que liberan tanta masa como el planeta Júpiter y se expanden a velocidades que alcanzan el 15% de la velocidad de la luz.
Este hallazgo, publicado por un equipo internacional de astrónomos y liderado por el estudiante de posgrado Joheen Chakraborty del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), cuenta con la destacada participación de la astrofísica chilena Lorena Hernández-García, investigadora del Instituto Milenio de Astrofísica, Núcleo Milenio TITANS y del Instituto de Física y Astronomía de la Universidad de Valparaíso.
Un fenómeno que rompe escalas
Las QPEs son potentes explosiones de rayos X que ocurren cerca de agujeros negros supermasivos y que, a diferencia de otras emisiones caóticas, se repiten con una frecuencia regular. En el caso de Ansky, se ha documentado una erupción cada 4,5 días, con una duración que puede extenderse hasta 1,5 días.
Gracias a los datos recopilados por el telescopio espacial NICER de la NASA —instalado en la Estación Espacial Internacional— y el telescopio europeo XMM-Newton, el equipo logró mapear por primera vez con gran precisión la evolución del material expulsado durante estas erupciones.
“Las propiedades extremas de Ansky pueden deberse a la naturaleza particular del disco de acreción que lo rodea”, explica Hernández-García. A diferencia de otros sistemas QPE, donde una estrella cercana es destruida por el agujero negro creando un disco pequeño, en Ansky se sospecha la existencia de un disco mucho más amplio, posiblemente alimentado por objetos más lejanos.

Un agujero negro activo en tiempo real
Ansky no solo destaca por el volumen y la energía de sus erupciones, sino también por su singularidad científica: es el primer agujero negro supermasivo cuya activación ha sido observada en tiempo real. Esto lo convierte en una valiosa fuente de información para entender cómo se forman, crecen y evolucionan estos enigmáticos objetos.
Las observaciones, realizadas entre mayo y julio de 2024, permitieron un seguimiento continuo del fenómeno, con hasta 16 registros diarios del comportamiento de Ansky. Estos datos permitieron capturar con gran detalle las variaciones en la intensidad de los rayos X, lo que ayudó a los investigadores a reconstruir las etapas de cada erupción.
En busca del origen de las QPEs
A pesar de los avances, las QPEs siguen siendo un misterio. Su comportamiento regular pero extremo desafía las teorías actuales sobre la dinámica en torno a los agujeros negros.
“Estamos desarrollando nuevas herramientas para entender qué causa estas erupciones”, comentó Chakraborty. “Las propiedades inusuales de Ansky nos están ayudando a mejorar estos modelos”.
Con este nuevo caso, ya son ocho los sistemas con QPEs documentados, aunque Ansky es el único con un núcleo galáctico activo, lo que abre nuevas posibilidades de estudio en la frontera de la astrofísica.
REVISA ACÁ EL ARTÍCULO PUBLICADO EN NASA


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