Experta advierte una “tormenta perfecta” por lluvias, viento y marejadas en Chile

La académica María Victoria Soto alertó que la combinación de precipitaciones intensas, fuertes vientos, marejadas y pleamar podría provocar inundaciones costeras, reactivar cauces y generar anegamientos en zonas vulnerables de Valparaíso y Santiago.
Actualidad16/07/2026Equipo ObjetivoEquipo Objetivo

Fuertes marejadas durante el temporal que afecta a la zona central de Chile. Crédito imagen: U. de Chile

La llegada de un río atmosférico a la zona centro y centro norte de Chile podría generar una “tormenta perfecta”, debido a la coincidencia de intensas precipitaciones, fuertes vientos, marejadas y un período de pleamar.

La advertencia fue realizada por María Victoria Soto, geógrafa y académica del Departamento de Geografía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, quien explicó que estos fenómenos meteorológicos y oceanográficos actuarán de manera simultánea sobre el territorio.

Según la especialista en gestión del riesgo de desastres, uno de los escenarios más complejos se concentrará en el borde costero, especialmente en la Región de Valparaíso, donde existen playas arenosas estrechas y numerosos sectores urbanos ubicados cerca de la línea de costa.

“Las olas podrían sobrepasar las barreras naturales, erosionar las playas e inundar las costaneras, especialmente en aquellos sectores donde la ocupación urbana se encuentra muy próxima al borde costero”, indicó.

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Riesgo de anegamientos en Santiago

Los efectos del temporal no se limitarían al litoral. La académica sostuvo que las lluvias previstas para varios días consecutivos también podrían reactivar cauces y zonas inundables en el valle de Santiago.

Entre los puntos de mayor vulnerabilidad mencionó la cuenca del estero Lampa, cuyo lecho de inundación se ha reducido progresivamente debido al crecimiento urbano.

También identificó riesgos de anegamientos en comunas como Lampa, Batuco, Pudahuel y algunos sectores bajos de Colina, debido a sus características geomorfológicas y a la presencia de antiguos humedales y lagunas que fueron rellenados e impermeabilizados.

“Estamos hablando de antiguos humedales y lagunas que fueron rellenados e impermeabilizados. Con precipitaciones de esta magnitud es muy probable que esos sistemas vuelvan a comportarse como originalmente lo hacían, favoreciendo el ascenso de las napas subterráneas y la formación de grandes espejos de agua”, explicó.

Soto recordó que un fenómeno similar se produjo durante las intensas lluvias de agosto de 2002, cuando extensas áreas recuperaron temporalmente su condición natural.

Planificación territorial, el principal desafío

La geógrafa sostuvo que este tipo de temporal no debe entenderse como un hecho completamente excepcional, sino como parte de la variabilidad climática propia de Chile.

“No estamos frente a un escenario catastrófico ni inédito. Durante la megasequía estas situaciones fueron menos frecuentes, pero hoy estamos retornando a condiciones que forman parte de la variabilidad climática. Lo importante es comprender que estos escenarios seguirán ocurriendo y debemos estar preparados para enfrentarlos”, afirmó.

A juicio de la académica de la Universidad de Chile, el problema no depende únicamente del cambio climático o de fenómenos como El Niño o La Niña. También responde a décadas de planificación territorial que no han considerado adecuadamente las características geográficas y geomorfológicas del país.

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Llamado al autocuidado ante el temporal

Frente a la llegada de la lluvia, las marejadas y la alta marea, Soto llamó a la ciudadanía a mantenerse informada y adoptar medidas preventivas.

Entre sus recomendaciones se encuentran revisar el estado de canales y esteros cercanos a las viviendas, mantener despejadas las vías de evacuación de aguas lluvias y conocer los planes de emergencia de cada comuna.

También aconsejó que quienes viven cerca de cauces naturales o en sectores históricamente inundables identifiquen con anticipación los lugares seguros definidos por sus municipios.

“La principal herramienta sigue siendo el autocuidado. Es fundamental conocer el territorio donde vivimos, identificar si estamos en una zona de amenaza y saber cómo actuar si las condiciones se vuelven más complejas”, concluyó.

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